Declaración de San Antonio
- 1 nov 2024
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Entre el 21 y el 25 de octubre de 2024 diversas organizaciones de derechos humanos, colectivos barriales y procesos comunitarios de mĆ”s de 10 paĆses estuvimos reunidos en Cali discutiendo y exponiendo diversas experiencias en torno a la defensa de derechos humanos en nuestros contextos. AsĆ mismo, compartimos las principales preocupaciones en tĆ©rminos de garantĆas para la vida y el territorio. Como resultado de estos dĆas de Acople,Ā condensamosĀ en este documento los principales postulados y exigencias que las organizaciones y procesos participantes del Tercer Encuentro de la Red Global contra la Violencia Policial elevamos en el marco de la COP 16.Ā
El territorio es fundamental para la construcción de comunidad de quienes lo habitan, que ademĆ”s son quienes saben protegerlo. Por lo tanto, las comunidades locales deben ser los principales actoresĀ en decidir sobre el uso de su territorio, especialmente las que estĆ”n atravesadas por la pertenencia Ć©tnico-racial. No se deben imponer los intereses extractivos por encima del bienestar de quienes habitan los territorios. AsĆ mismo, los proyectos de planeación urbana deben contemplar a toda la ciudadanĆa y garantizar el derecho a la ciudad, al igual que la justicia ambiental, racial y social de las personas que habitan en los entramados urbanos.
La protesta social es un derecho fundamental que debe ser respetado y garantizado por todos los Estados. Esta es una herramienta esencial para la autodeterminación de las comunidades, colectivos y agrupaciones, especialmente los históricamente discriminados y excluidos,Ā en miras a la defensa del territorio, la identidad, la biodiversidad y las ideas. Este derecho ha sido vulnerado en muchos paĆses a travĆ©s del uso desproporcionado de la fuerza con las armas denominadas menos letales.Ā Exigimos su constante protección, garantĆa y derecho al desarrollo de parte de los estados. El uso arbitrario e ilegal de la violencia por parte de la policĆa, con una alta letalidad, es tambiĆ©n una de las principales fuentes de formación de grupos criminales armados que operan en toda AmĆ©rica Latina.
Es urgente que los gobiernos regulen el uso de este armamento creando parĆ”metros que garanticen los derechos humanos de quienes ejercen su derecho a la protesta social. El comercio de este tipo de armas tambiĆ©n debe ser regulado por medio de un tratado internacional vinculante que restrinja el comercio de armamento intrĆnsecamente abusivo y regule el armamento cuyo uso ha recaĆdo en violaciones a los derechos humanos.Ā
La vulneración del derecho a la vida y a la libertad ha sido una constante en la represión a la protesta social y a las personas que habitan entramados urbanos, especialmente afrodescendientes. Al mismo tiempo, la impunidad ha sido la regla que los estados se han encargado de garantizar. Los procesos de acceso a la justicia se caracterizan por las dilaciones constantes y las prĆ”cticas revictimizantes de instituciones estatales.Ā A la vez, el uso arbitrario e ilegal de la violencia por parte de la policĆa, con una alta letalidad, ha sido tambiĆ©n una de las fuentes de formación de grupos criminales armados que operan en toda AmĆ©rica Latina. Exigimos que los sistemas de administración de justicia actĆŗen de manera eficaz para garantizar la no impunidad en las violaciones a los derechos humanos, desde la aplicación de enfoques diferenciales con una perspectiva interseccional, que los procesos alternativos de justicia y de memoria construidos por las vĆctimas sean reconocidos y garantizados. AsĆ mismo, consideramos fundamental que las recomendaciones de mecanismos internacionales como la CIDH frente al manejo de la protesta social sean implementados por los estados.Ā
Las tecnologĆas digitales avanzan de manera acelerada y existe una tendencia de implementación de estas para fines de seguridad por parte de entidades estatales, aprovechando marcos regulatorios insuficientes y sin evaluaciones adecuadas de impacto en derechos humanos, en especĆfico sobre las consecuencias que esto tiene en cuerpos que se han considerado āsopechososā por prejuicios racistas, de clase social, de gĆ©nero, etarios y territoriales. En contextos de protesta social, esto representa restricciones ilegales que afectan derechos como la intimidad, la libertad de expresión y el acceso a información pĆŗblica, tanto en espacios fĆsicos como virtuales. El uso de tecnologĆas de vigilancia por parte de los estados requiere de anĆ”lisis de legalidad, necesidad, transparencia, idoneidad, no discriminación y proporcionalidad en cuĆ”nto su uso abusivo representa un riesgo para el ejercicio de derechos fundamentales y para el espacio pĆŗblico. Es necesario, ademĆ”s, que los Estados adecĆŗen sus regulaciones internas relativas al uso de tecnologĆas digitales a estĆ”ndares de derechos humanos.Ā
La guerra contra las drogas se ha caracterizado por discriminar a los eslabones mĆ”s dĆ©biles en la cadena de la producción y consumo de sustancias. La criminalización de poblaciones vulneradas, racializadas de forma negativa, y mujeres cabeza de familia ha terminado en la reproducción de dinĆ”micas de exclusión social. AsĆ mismo, tambiĆ©n ha habido una afectación al medio ambiente derivado de las prĆ”cticas como la aspersión aĆ©rea de glifosato en cultivos de uso ilĆcito. La violencia de los mercados criminales, tolerada o promovida por los Estados, se termina usando como excusa para instalar restricciones de derechos y garantĆas, o incluso estados de excepción. La falsa dicotomĆa entre respeto de derechos y eficacia de las polĆticas de seguridad es un argumento que legitima la represión en determinados territorios (pobres, racializados) y deja intocado el flujo del dinero de los mercados ilegales, que es fundamental para el funcionamiento del sistema financiero global. Exigimos que haya un cambio global en la polĆtica de drogas en el que se adopten medidas de prevención, reducción de daƱos y transición de sustancias ilĆcitas. Esta polĆtica debe transitar hacia enfoques no punitivistas contra las poblaciones históricamente excluidas, contemplando medidas restaurativas, reparadoras y de alternatividad penal antes que el encarcelamiento.
Finalmente, manifestamos nuestra preocupación por el aumento del pie de fuerza y la militarización en Cali con la que pretenden garantizar la seguridad en la ciudad durante la COP 16. Dichas medidas generalmente no resuelven los problemas de raĆz sino que en ocasiones se traducen en violaciones a los derechos humanos y en una presencia meramente militar del Estado. Por lo tanto hacemos un llamado a que se contemplen estrategias integrales de seguridad con enfoque de derechos humanos mĆ”s allĆ” del contexto de la COP 16.Ā
Los Estados presentes enĀ la COP16, en cumplimiento de las obligaciones internacionales que van mĆ”s allĆ” de la conservación de la biodiversidad, abarcando tambiĆ©n los derechos civiles y polĆticos, y los derechos económicos, sociales y culturales, entre otros, que deben asumirse de forma transversal, tienen la imperativa responsabilidad de impulsar la construcción de caminos para avanzar hacia la consolidación de transformaciones mencionadas en el texto.Ā En consecuencia, la COP 16 debe garantizarle a esta ciudad y a la ciudadanĆa que participa que hay un compromiso real y contundente de los estados por construir acciones para acabar con la represión y demĆ”s aspectos que tienen una conexión especĆfica con la conservación de la vida. Estas acciones se deben caracterizar por tener un enfoque antiracista, un enfoque de gĆ©nero y que contemple a las diversas ciudadanĆas que históricamente han sido marginadas en miras a la autodeterminación de las comunidades y a la defensa del territorio.
Las organizaciones abajo firmantes subscriben y se acoplan a esta declaración.Ā
Centro de DDHH del PaZĆfico-CEDEHUPAZ- Colombia
CampaƱa Defender la Libertad- Colombia
Corporación Justicia y Democracia- Colombia
Mevico- Colombia
MOCAO- Colombia
Movimiento Orientados- Colombia
Temblores Ong- Colombia
Tribunal Popular de Siloe- ColombiaĀ
Centro de Investigación y Defensa Sur- Chile
Ojo con tu Ojo- EspaƱa
Casa Pueblo- Puerto Rico

