Protección para José Marrugo



Por Sebastián Lanz Codirector de Temblores ONG

@sebastianlanz


Mi labor social empezó hace 5 años, en el 2015, cuando empecé a defender al gremio de los mototaxistas y desde ahí empezaron las amenazas”. Con esta frase empezó la llamada que sostuve con José Marrugo, reconocido líder social en Sincelejo, el pasado jueves 14 de mayo. Días atrás, José me había contactado porque quería recibir orientación sobre la temible situación por la que están atravesando él y su familia.


Todo comenzó en diciembre del 2016, cuando un hombre desconocido llegó a su casa y le ofreció 50 millones de pesos a cambio de que trabajara para un político cuyo nombre no quiso revelar. Desconcertado y con la integridad ética que lo caracteriza, José le manifestó que él no trabajaba para políticos misteriosos y rechazó la oferta. En seguida, el hombre del morral de los 50 millones lo amenazó con una frase que marcó el inicio de una incesante ráfaga de amenazas que aún no termina: “Si no aceptas el dinero, vas a aceptar unos tiros porque a esta gente no le gusta que la desprecien”.


José Marrugo empezó su carrera como líder social trabajando por la defensa de los derechos de los mototaxistas en Sincelejo. En la ciudad lo conocen por haber liderado las movilizaciones que lograron tumbar el decreto 729 del 2016, que prohibía llevar parrillero en las motocicletas. Sus enemigos, los mismos que hoy amenazan su vida, por su parte, lo conocen por haber denunciado las retomas territoriales por parte de grupos paramilitares en las regiones de San Jorge y La Mojana y por haber frustrado los innumerables intentos de compra de votos del cuestionado político Yahir Acuña.


En un artículo publicado en el año 2014 en la Revista Semana, León Valencia detalló el prontuario de Yahir Acuña y sus estrechos nexos con paramilitares como Álvaro García Romero, condenado por la masacre de Macayepo, y Salvador Arana, el exgobernador que fue condenado por el asesinato del exalcalde de El Roble Edualdo León Díaz. Pues bien, el 6 de abril del 2019, José Marrugo se encontraba con Jorge Velásquez, presidente de la UP en Sucre, y Juan David Díaz, hijo del exalcalde de El Roble, en el municipio de San Marcos en una reunión con víctimas de crímenes del Estado. Al finalizar la reunión, se desplazaron hacia el corregimiento de Belén para pasar la noche en un rancho de palma al que los habían invitado. Una vez allí, pasada la media noche, el esquema de seguridad de Juan David Díaz les advirtió que se escuchaban pasos acercándose y que, por lo tanto, era mejor que entraran al rancho. Desde adentro, los tres líderes pudieron escuchar una balacera y entender lo que sucedía: un grupo de hombres armados había entrado a la finca con el objetivo de asesinarlos. Por suerte, el esquema de seguridad que los acompañaba pudo contener la situación y ninguno resultó herido. Cuando el oficial de la Sijín que le tomó la denuncia a Juan David Díaz le preguntó a qué creía que obedecía este hecho, él contesto: “(…) a todas las declaraciones que he hecho en los medios informativos y que tienen que ver con el resurgir de los grupos armados ilegales que han venido tomando fuerza en esta región del San Jorge”.



No es coincidencia que Juan David Díaz relacione las denuncias que ha realizado en contra de las retomas paramilitares en la región con el atentado que sufrió junto con José Marrugo y Jorge Velásquez ese 6 de abril del 2019. En efecto, los ataques que Juan David ha recibido por su trabajo como líder social en la región son los mismos que hasta el día de hoy le quitan la paz y la seguridad a José Marrugo. El 7 de octubre del mismo año, 6 meses después del atentado, en la terraza de la casa de José apareció una bala de 9 milímetros envuelta en un panfleto firmado por las Águilas Negras (Bloque Montes de María) en el que le daban 72 horas para salir del departamento. Como ya es su costumbre, José acudió ese mismo día a las autoridades e interpuso denuncia penal por el delito de amenazas y adjuntó las pruebas (ver fotos) que hoy en día reposan en la Fiscalía 17 seccional de Unidad de Vida, junto con la docena de denuncias que ha interpuesto José en los últimos años por amenazas e intimidaciones en contra de él y de su familia.





A la larga lista de denuncias interpuestas por José se suman los hechos ocurridos el 26 de enero y el 17 de febrero de este año, en los que motociclistas armados lo acecharon por las calles de Sincelejo y le dijeron que se quedara callado o que, nuevamente, su vida corría peligro. La más reciente de todas, ocurrió hace un poco menos de un mes. En esta ocasión, José se encontraba en su casa viendo televisión con su familia y escuchó que afuera tiraban piedras que golpeaban contra la reja. Cuando se asomó, una persona le dijo “ven que te tengo que contar una buena”. José cerró la cortina y, en ese momento, su hijo, que miraba por otra ventana, se percató de que una de las personas estaba armada. Llamó a su padre y, cuando se iban a asomar de nuevo para corroborar, vieron como un revolver entraba por la ventana de la casa. Corrieron al cuarto y empezaron a gritar, con lo cual lograron alertar a los vecinos de la situación.


Tampoco sería coincidencia, ni es descabellado pensar, que Yahir Acuña, pupilo de parapolíticos de la talla de Salvador Arana, y aliado de sanguinarios paramilitares como Juan Manuel Borré Barreto (quien, por cierto, acusó en 2014 a Acuña de haber ordenado y financiado varios asesinatos) esté detrás del atentado del 6 de abril y de las amenazas y del intento de homicidio de José Marrugo. ¿Sería ese el misterioso político de los 50 millones?



Al colgar la llamada con Marrugo pude constatar que, a pesar de 5 años de continuas amenazas, su voz está tan firme como siempre, pero también que el riesgo para su vida es cada vez más alto. Por eso, desde Temblores ONG, exigimos a la Unidad Nacional de Protección que atiendan su solicitud y que se le asigne inmediatamente un esquema de protección para garantizar su integridad y su vida. La voz de Marrugo, que asusta tanto a esos políticos misteriosos, es fundamental para la paz en el departamento de Sucre. Parece que al Estado toca recordarle constantemente cuál es su tarea y a la ciudadanía, unas cuantas veces, que la suya es exigirle al Estado que la cumpla. Exijamos protección para José Marrugo: todavía estamos a tiempo.


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