Nos llegó la hora

Actualizado: jun 29


Lucía Carbonell

Investigadora de Temblores ONG


Este no va a ser un artículo más que, en el día del orgullo, saque a relucir los logros de los movimientos LGBT en Colombia. No es un texto conmemorativo de los “hitos de la historia LGBT”. Ni tampoco es un recuento de todos los “peldaños” que nos quedan por subir para que nuestra ciudadanía sea reconocida plenamente. Es, más bien, un esbozo de algunas luchas y avances que están ahí y que no hemos sabido ver.

Todxs conocemos ya los slogans que no faltan en las marchas LGBT: #LoveIsLove, #Besatón, #ElAmorSiempreGana, #Orgullo. Con estos y otros tantos, cada vez que marchamos hemos hecho bien la tarea de dejar saber cuáles son las razones por las que nos movilizamos. A modo de ejemplo, y teniendo en cuenta que todavía en el país seguimos dependiendo de la Corte Constitucional para avalar las luchas de los movimientos sociales, tanto medios de comunicación como activistas LGBT saben nombrar 3 o 4 sentencias de la Corte Constitucional que, sin duda, para muchxs, son el resumen de “los logros” del movimiento: la sentencia que ampara el matrimonio igualitario (Sentencia SU-214/16), la que ampara la adopción por parte de parejas del mismo sexo (Sentencia C-683/15) y, contando con suerte, una que otra sentencia contra discriminación (por ejemplo, el caso de Sergio Urrego-Sentencia T-478/15). Así, con algunas excepciones que nombran otros avances, los medios de comunicación resaltan con “orgullo” que Colombia pertenece a la lista de países progresistas que le han dicho ‘sí’ al matrimonio igualitario.

Sin embargo, hay múltiples logros (y solo me refiero a aquellos en materia de jurisprudencia) que constituyen grandes avances con respecto a aquello que exigimos lxs maricas a través de nuestras luchas y resistencias; desde sentencias que amparan derechos de disidencias sexuales privadas de la libertad hasta aquellas relacionadas con servicio militar y personas trans. De todas ellas quisiera resaltar algunas asociadas a personas intersex.


Sentencias como la SU-337/99, la T-551/99 y la T-1025/02, entre otras, abordan casos de tutelas interpuestas por madres y padres en contra de entidades prestadoras de servicios de salud que se negaron a realizar una cirugía de reasignación de sexo a personas menores de edad intersex sin su consentimiento. Estas sentencias nos recuerdan que quienes no han cumplido con la mayoría de edad son personas, tienen, por ende, autonomía sobre su propio cuerpo. A través de estas sentencias, la instancia constitucional entiende, además, que las decisiones que estxs tomen frente a su cuerpo están intrínsecamente ligadas al derecho a la identidad y el libre desarrollo de la personalidad.

Entre los argumentos de algunxs de lxs madres y padres angustiados por la ambigüedad genital de sus hijxs, está la preocupación por los problemas identitarios y la exclusión social a la que se enfrentarían de no desambiguarse sexualmente. Con ello no pretendo deslegitimar las preocupaciones de estxs familiares, por el contrario, me uno a sus angustias porque con seguridad sus hijxs sí tuvieron que enfrentarse a una sociedad excluyente. Lo que me llama la atención del afán de saber en cuál de las dos casillas meter a sus hijxs es que expone la urgencia de transformar esa sociedad que sólo puede imaginar dos tipos de cuerpo posibles.

Una de las sentencias asociadas a personas intersex que a mi parecer vale la pena que lxs maricas conozcamos (y, me atrevo a decir, también lxs feministas), además de volver a exhibir la importancia de reevaluar nuestra insistencia de asignar sexos a como dé lugar, sugiere entre sus líneas que la rama legislativa debe tomar riendas del asunto para que se puedan regular las situaciones jurídicas frente a las personas intersex. Este guiño al legislador, aunque por supuesto no se ha llevado a cabo, ya de por sí es ganancia. El caso que aborda la Sentencia T-450 del 2013 es el de unx niñx cuyo sexo no pudo ser asignado al nacer por su ambigüedad genital, lo que acarrea que la Registraduría del municipio se haya negado a registrarle.

Esta sentencia les recuerda a las entidades públicas lo obvio: nadie puede ver vulnerado su derecho a la personalidad jurídica, y, por supuesto, tampoco puede haber vulneración al derecho en razón de su genitalidad. Lo que es de resaltar es que este caso ha llevado hasta las más altas instancias judiciales discusiones sobre el binarismo de sexo/género, exponiendo que los dos polos (femenino y masculino) impuestos socialmente no abarcan todos los cuerpos e identidades. Más aún, entre sus líneas, la sentencia muestra cómo el caso abre la discusión frente a cómo la asignación de sexo es un acto político.

Para finalizar con este caso, recalco una de las resoluciones que a mi parecer son las más revolucionarias de la sentencia. Las personas intersexuales pueden ser inscritas sin la necesidad de asignar un sexo en el certificado de nacido vivo y en el registro civil de nacimiento. Esto es: ¡las personas son reconocidas por el Estado colombiano como tal (como personas) sin necesidad de ser consideradas previamente como “femeninas” o “masculinas”! Claro está, esto no implica que el Estado colombiano reconoce una tercera categoría de sexo: la Corte en esta sentencia sigue esperando que “se llene la casilla” en algún momento. Sin embargo, es de por sí valioso que, a través de un stand by en la asignación sexual, esta institución nos permita ver al menos por un momento a seres humanos, más allá de sus genitales.


Casos como estos, sin duda ponen a temblar el núcleo del sistema que decimos que queremos tumbar con cada #Besatón. ¿Cómo es que esta sentencia no está en nuestras narrativas?


El orgullo de ser parte del sistema:

Cada vez hay más activismos que se han encargado de visibilizar aquellas luchas que por mucho tiempo no habían sido protagonistas de los movimientos LGBTI, por ejemplo, las marchas y activismos trans. Los movimientos y avances asociados al reconocimiento de derechos de personas trans e intersex, como lo muestran las sentencias expuestas, ponen sobre la mesa discusiones vitales para la transformación de los supuestos hetero-cis-patriarcales. Estas han cuestionado las visiones limitantes frente a las maneras de vivir el género, así como han controvertido la perspectiva binaria del género y han recalcado la importancia de la autonomía sobre nuestros cuerpos: ponen en evidencia la imposición del acto de asignación de sexos. En últimas, critican el corazón del sistema que divide el mundo en dos tipos de cuerpos “complementarios” (pero opuestos y jerarquizables) según sus genitales (hombres y mujeres), y que, basado en eso, legitima las discriminaciones contra gays, lesbianas, bisexuales, trans, intersex y demás disidencias sexuales y de género.


Sin embargo, a pesar de la riqueza de estas luchas y de su potencial transformador, todavía en las narrativas LGBT son protagonistas las apuestas que menos cuestionan los supuestos heteropatriarcales y el sistema sexo/género. ¿De todo lo que hemos alcanzado, de verdad queremos que nuestra bandera en cada marcha sea que el poder casarnos? ¿De todos los logros, de verdad cada año queremos decirle al mundo que Colombia ha avanzado reconociendo nuestros derechos porque podemos “conformar familias”? Pues, sí. Cada junio lo hacemos, sintiéndonos orgullosxs de poder encajar finalmente en aquellas instituciones heterosexuales por excelencia; aquellas que gran parte de la población considera la norma.

Pero, ¿por qué? No es gratuito que por muchos años los movimientos LGBT hayan sido protagonizados por activismos gays principalmente. Tanto así que hasta la fecha muchxs siguen llamando orgullo gay a esta fecha conmemorativa. #AmorEsAmor y las narrativas de la diversidad, además de ser las más adaptables a las instituciones hetero-patriarcales (el matrimonio, la familia nuclear), son las más mercantilizables. En cambio, ¿cómo lucrarse de las luchas que promueven la autonomía del cuerpo proclamando la existencia de más de dos tipos de genitales y cuerpos? ¿Cómo lucrarse de los gritos que revelan la plasticidad del género? ¿Cómo lucrarse de la idea de poder considerar a una persona como ser humano digno sin que tenga que llenar una casilla en un registro oficial?

Orgullo 2020:


Pues bien, este 2020 ha demostrado que a las maricas nos siguen quitando la vida en la calle, en hospitales y centros de salud, y dejándonos morir en nuestras casas. Por eso, ahora más que nunca es pertinente hacer la siguiente proposición: hagamos visibles las luchas que pueden ser más transformadoras de este sistema que criticamos. Ya es hora de cambiar los “hitos” gays, ya es hora de dejar reciclar las mismas luchas y repetir los mismos logros: es hora de transformar las narrativas del orgullo. Salgamos de la comodidad del arcoíris para escuchar lo que los activismos maricas, trans, intersexuales, trabajadorxs sexuales, maricas privadas de la libertad , entre otras voces disidentes, tienen por enseñarnos.

138 vistas

CONTACTO

 

info@temblores.org

Tel: 311 452 5101

NIT: 901111987-9

 

LISTA DE CORREOS

  • Twitter - Grey Circle
  • Instagram - Grey Circle
  • Facebook - Grey Circle

©2018 por Temblores ONG. Creado con Wix.com

apoya.png